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ECONOMÍA COLABORATIVA

ECONOMÍA COLABORATIVA

Sin duda hay un cambio de paradigma en las formas de consumo que hasta ahora veníamos utilizando. Han aparecido nuevas formas de adquirir bienes o servicios, a través de plataformas digitales que han crecido fomentadas por el uso generalizado de internet. En la mayoría de los casos, las empresas o los profesionales que venían prestando un servicio hasta ahora, son sustituidos por particulares que los prestan de forma más económica o más cercana, adaptándose exactamente a la demanda del usuario.

Cada vez hay más personas dispuestas a alquilar o intercambiar sus bienes (herramientas, viviendas, coches, etc.) y al otro lado se encuentra la demanda de otros particulares que quieren determinados bienes o servicios más asequibles que si estos fueran comprados o contratados a una organización. Se trataría por tanto de sacar un mayor rendimiento a los recursos existentes y que el modelo de sociedad sea más sostenible.

Está claro que hay múltiples formas de entender la economía colaborativa, es innegable que se encuentran oportunidades para adquirir productos o servicios a un coste inferior al que habitualmente se pagaba por ellos, pero esto tiene sus riesgos. Por un lado, poder ser estafados si la plataforma no ofrece el servicio prometido y, por otro lado la competencia que supone a empresas que dan trabajo a miles de personas. Todo esto, además se da en un escenario donde la legislación que regula estas actividades no existe.

El reparto de la cuota de mercado en sectores como el transporte y el turismo, por ejemplo, supone una amenaza para la empresa tradicional que venía ejerciendo estas actividades. Los particulares lo ven como una forma nueva de consumo, pero al otro lado nos encontramos con lo que las empresas llaman “intrusismo” o “competencia desleal”. Uno de los casos más sonados ha sido el enfrentamiento del sector del transporte con empresas de economía colaborativa, donde  se alegan contraprestaciones económicas por los servicios prestados, sin ningún tipo de obligación de pago de impuestos por parte del que recibe dicho pago.

Todos nos debemos plantear cuestiones que permitan analizar los pros y los contras, que los hay, del nuevo modelo… ¿Se generará empleo? ¿Será de calidad? ¿Cuántos puestos de trabajo se perderán con la aparición de la economía colaborativa? ¿Qué se puede hacer si el servicio prestado no es el acordado?

El problema de todo esto es que bajo el paraguas de la llamada economía colaborativa, surgen negocios que pueden permitir actividades exentas de obligaciones laborales y fiscales para aquellos que las llevan a cabo.

Dada la alegalidad existente, parece que la solución pasa necesariamente por legislar estos nuevos modelos de producción, para que las reglas del juego estén claras para todos, tanto para los prestadores de bienes y servicios, como para los consumidores. Una vez aclarado el escenario legal debemos buscar nuevas oportunidades de negocio.

 

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